Tecnología, simulación y nuevos paradigmas: cómo la Universidad FASTA transforma la formación en salud
La Facultad de Ciencias Médicas impulsa un modelo educativo centrado en el estudiante, con fuerte incorporación de tecnología, prácticas en entornos simulados y un vínculo permanente con la comunidad.
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La educación en ciencias de la salud atraviesa un proceso de cambio profundo y sostenido, impulsado por la innovación tecnológica y la necesidad de adaptar la enseñanza a nuevas formas de aprender. En ese contexto, la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad FASTA viene consolidando un modelo que combina herramientas digitales, simulación clínica y un enfoque pedagógico centrado en el estudiante.
En diálogo con QZ Noticias, la decana, la Dra. Fernanda Valenzuela, explicó que “en ciencia médica ya hace un tiempo que la tecnología ha tomado un rol protagónico en la formación, no solo en medicina sino también en disciplinas como odontología, nutrición y kinesiología”.
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Doctora Fernanda Valenzuela. Decana Fac. Cs. Médicas de UFASTA.
Actualmente, la facultad cuenta con cinco carreras de grado y más de 3.700 estudiantes activos. En todas ellas, la incorporación de tecnología es transversal y responde a un objetivo claro: mejorar los procesos de aprendizaje. “Estamos implementando tecnología especialmente orientada a quien aprende”, subrayó.
Uno de los ejes centrales de esta transformación es el centro de simulación, un espacio diseñado para que los estudiantes puedan entrenarse en condiciones controladas. “Contamos con un pabellón tecnológico donde funciona nuestro centro de simulación, en el que los estudiantes realizan prácticas específicas, ejercitando competencias y habilidades indispensables para su formación”, detalló Valenzuela.
Estos entornos permiten recrear situaciones reales del ejercicio profesional sin los riesgos que implica el contacto directo con pacientes en etapas iniciales. “Entendemos que es un modo seguro de adquirir habilidades antes de enfrentarse a situaciones reales”, afirmó.
Pero además del aprendizaje técnico, la simulación también cumple un rol clave en lo emocional. “En las primeras prácticas aparece el nerviosismo, el estrés, el temor. Estos espacios ayudan a que el estudiante pueda regular esas emociones y ganar confianza”, explicó. Y agregó: “No solo se trata de asegurar la integridad de los pacientes, sino también de mejorar el proceso de formación en su conjunto”.
La implementación de estas herramientas comenzó hace más de siete años, inicialmente en la carrera de Medicina, en línea con los estándares exigidos para este tipo de formación. “Después se fue extendiendo al resto de las carreras, aunque también implicó una curva de aprendizaje para los docentes”, señaló.
En ese sentido, Valenzuela reconoció que el cambio no solo involucra a los estudiantes. “Nosotros aprendimos de otra manera, entonces también tuvimos que formarnos como docentes para incorporar estas nuevas herramientas y mejorar nuestras propuestas pedagógicas”, sostuvo.
Hoy, el desafío pasa por consolidar un nuevo paradigma educativo. “El modelo actual está centrado en el desarrollo de competencias y habilidades, y pone el foco en el estudiante, no en lo que el docente transmite”, explicó. Y añadió: “Nuestros estudiantes aprenden de manera distinta, y nosotros tenemos que estar a la altura de ese cambio”.
Para acompañar este proceso, la capacitación docente es constante. “La universidad ofrece capacitaciones durante todo el año, muchas vinculadas a la tecnología aplicada a la educación”, indicó. Sin embargo, remarcó que la innovación debe tener un sentido claro: “No se trata de innovar por innovar, sino de hacerlo con responsabilidad, buscando sostener la calidad académica”.
Otro aspecto clave es la participación activa de los estudiantes en la mejora del sistema educativo. “Trabajamos mucho con el feedback que nos dan, porque es fundamental ajustar los planes de estudio y las prácticas a la experiencia real de quienes están en formación”, explicó.
Este intercambio se canaliza a través de espacios institucionales como el Consejo Académico, donde participan docentes, estudiantes, graduados y equipos de gestión. “Es una retroalimentación constante, escuchando todas las voces de la comunidad educativa”, afirmó.
Más allá de la innovación tecnológica, desde la facultad destacan el rol social de la formación en salud. “La vinculación con la comunidad es fundamental para nosotros”, aseguró Valenzuela. Y recordó que la carrera de Medicina, en particular, fue un proyecto acompañado desde sus inicios por instituciones locales, el sistema de salud y la comunidad marplatense.
En esa línea, subrayó que “las aulas y la tecnología no bastan si no hay contacto con la realidad”. Por eso, los estudiantes realizan prácticas en distintos ámbitos, tanto públicos como privados. “Es ahí donde desarrollan competencias como la empatía, la responsabilidad y el compromiso”, indicó.
Además, todas las carreras incorporan la salud comunitaria como eje transversal. “Formamos profesionales generalistas, con una fuerte orientación a la comunidad, lo que nos obliga a estar permanentemente en contacto con sus necesidades”, explicó.
Con una mirada puesta en el futuro, la decana sostuvo que el principal desafío es seguir profundizando este camino. “Tenemos que continuar creciendo en simulación, actualizar los planes de estudio y seguir formando a nuestros docentes”, concluyó.
En un escenario donde la tecnología redefine la educación, la Facultad de Ciencias Médicas de FASTA busca posicionarse como un espacio de formación integral, donde el conocimiento, la práctica y el compromiso social van de la mano.
