Egresado de la UBA, hincha de San Lorenzo y amante de los viajes: quién era el marplatense que murió en la ruta 76
Ezequiel Agustín Quaglio tenía 31 años y fue una de las cuatro víctimas fatales del trágico choque ocurrido en la ruta 76, a la altura del Abra de la Ventana. Era médico, residía en Buenos Aires y perdió la vida cuando volvía de un casamiento junto a sus colegas.
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La tragedia ocurrida este domingo por la mañana en la ruta 76, dentro del Parque Provincial Parque Provincial Ernesto Tornquist, dejó un saldo devastador: cuatro jóvenes médicos perdieron la vida tras un violento choque frontal.
Entre ellos estaba Ezequiel Agustín Quaglio, marplatense de 31 años que desde hacía un tiempo vivía en el barrio porteño de Caballito. Era el único de los ocupantes del Citroën C3 que no murió en el acto: fue trasladado con graves heridas al hospital de Tornquist, donde finalmente falleció pese a los esfuerzos médicos.
El siniestro ocurrió cerca de las 7.30, cuando el vehículo en el que viajaban, tras asistir a un casamiento, perdió el control en una curva, invadió el carril contrario y chocó contra un Ford Focus. El impacto fue fatal.
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Ezequiel Quaglio (de ambo celeste) en el centro de la foto junto a sus compañeros residentes y colegas de la clínica donde se desempeñaba. Foto: Facebook.
“Eche” como le decían sus amigos y familia, era médico residente de Clínica Médica y se desempeñaba en el Sanatorio Dr. Julio Méndez, donde también trabajaban las otras víctimas: Talía Araceli Mansilla (29), Laura Camila Díaz Sandoval (26) y María de los Milagros Chirinos (28).
Pero más allá de su formación y su vocación profesional, quienes lo conocieron lo recuerdan por su calidad humana. Egresado de la Universidad de Buenos Aires, era un joven comprometido, lector, interesado por la actualidad del país y profundamente familiero.
Fanático de San Lorenzo de Almagro y amante de los viajes, encontraba en cada experiencia una oportunidad para aprender y compartir. “Siempre estaba atento por el de al lado”, coinciden amigos y compañeros, que destacan su calidez, su compañerismo en el trabajo y su forma de estar presente.
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Desde el sanatorio donde se formaba, lo despidieron con un mensaje cargado de emoción: “Son innumerables las anécdotas compartidas, siempre marcadas por la alegría y el compañerismo. Vivirán eternamente en cada recuerdo”.
