El reloj que nunca dejó de marcar la historia
Llegó desde Londres en 1911 para coronar la flamante Estación Sud del Ferrocarril. Resistió el cierre de la estación, la transformación en terminal de ómnibus y la reconversión del edificio en el actual Paseo Aldrey. Cada ocho días, Marcelo Castelvetri sube más de 80 escalones para darle cuerda y mantener vivo uno de los relojes históricos más valiosos de Mar del Plata. "Si se lo cuida, este reloj es eterno", aseguró el histórico relojero en una entrevista exclusiva con QZ Noticias, en la que abrió las puertas de la torre y reveló los secretos de una reliquia centenaria que sigue marcando el tiempo de la ciudad.
:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/reloj_suizo.webp)
Hay miles de personas que pasan todos los días frente al Paseo Aldrey sin imaginar que, sobre la cúpula del histórico edificio, una máquina inglesa de más de 115 años continúa funcionando exactamente igual que cuando fue instalada. El reloj de la antigua Estación Sud del Ferrocarril no sólo marca la hora: también resume buena parte de la historia de Mar del Plata. Desde la llegada del turismo aristocrático en tren hasta la actual transformación del edificio en un espacio cultural y comercial, fue testigo silencioso de los grandes cambios de la ciudad.
La Estación Mar del Plata Sud fue inaugurada el 1° de diciembre de 1910 y diseñada por el arquitecto belga Jules Dormal con un marcado estilo academicista francés. Concebida para recibir a los pasajeros de los trenes expresos provenientes de Buenos Aires, el edificio lucía una imponente mansarda de pizarra, amplias salas de espera, marquesinas de hierro y una elegante torre coronada por un reloj inglés fabricado por la prestigiosa firma Gillet & Johnston, la misma que construyó el reloj de la actual Torre Monumental de Buenos Aires, conocida popularmente como la Torre de los Ingleses.
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/reloj_cupula.webp)
La historia del reloj también es la historia de la familia Castelvetri. En 1911, Ernesto Castelvetri, bisabuelo de Marcelo y entonces jefe de relojeros del Ferrocarril del Sud, fue el encargado de viajar a Mar del Plata para instalar la compleja maquinaria llegada desde Londres. Más de un siglo después, ese legado continúa intacto. "Es un trabajo totalmente artesanal. Se podría haber modernizado con sistemas electrónicos, pero perdería todo su valor histórico. Esta máquina está prácticamente como el primer día", explicó Marcelo Castelvetri, cuarta generación de relojeros de la familia y actual responsable de un trabajo silencioso para su mantenimiento.
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/estacion_terminal_sud.webp)
El mecanismo conserva el mismo funcionamiento desde hace más de un siglo. No utiliza motores eléctricos: una pesa de aproximadamente 400 kilos, que desciende lentamente a lo largo de unos 20 metros, genera la energía necesaria para mover el péndulo y accionar los cuatro cuadrantes del reloj. Esa reserva de energía dura exactamente ocho días. Por eso, una vez por semana, Marcelo asciende por seis pisos y una angosta escalera caracol hasta llegar a la torre para volver a elevar el enorme contrapeso. "Si se lo cuida, este reloj es eterno. Lo importante es mantenerlo lubricado y conocer cada una de sus piezas ", aseguró mientras muestra el delicado mecanismo de escape de gravedad, una tecnología que hoy prácticamente no existe en relojes de este tipo.
Las puertas de madera que protegen la maquinaria guardan otro tesoro. Allí permanecen escritas, con lápiz, las firmas y anotaciones de cada uno de los relojeros que trabajaron sobre el mecanismo desde 1911. Están la de Ernesto Castelvetri, la de su hijo Duilio, las de las generaciones siguientes y también la de Marcelo. "Era una costumbre de los relojeros dejar constancia de cada intervención. Es parte de la historia del reloj", contó mientras toca esas puertas como un legado de familia. Para él, esas inscripciones poseen tanto valor como la propia maquinaria. "Sería un crimen pintarlas", dice mientras señala los nombres que atraviesan más de cien años de oficio familiar.
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/terminal_de_omnibus.webp)
El edificio cambió muchas veces de función, pero el reloj permaneció. En 1949 dejó de funcionar como estación ferroviaria; un año después se convirtió en la Terminal de Ómnibus y durante casi seis décadas recibió a millones de pasajeros. Para Marcelo, conservar este reloj trasciende el trabajo cotidiano. "Es un orgullo continuar lo que empezó mi bisabuelo. Creo que la historia termina conmigo porque mi hijo eligió otro camino, pero siempre aparecerá alguien que lo cuide. El cementerio está lleno de imprescindibles", dijo con una sonrisa. Aunque reconoce que conoce cada secreto de la máquina, también está convencido de que el reloj seguirá funcionando después de él.
Desde aquella estación ferroviaria que recibía a la aristocracia porteña hasta el actual Paseo Aldrey, la ciudad cambió por completo. Cambiaron los trenes por colectivos, los andenes por locales comerciales y las valijas por bolsas de compras. Sin embargo, allá arriba, casi escondido entre vigas y engranajes centenarios, el viejo reloj inglés continúa marcando el tiempo de Mar del Plata. "Mientras alguien le dé cuerda y lo cuide, va a seguir funcionando", resumió Marcelo Castelvetri, el hombre que cada ocho días asciende más de 80 escalones para mantener viva una de las reliquias más valiosas del patrimonio marplatense.
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/paseo_aldrey.webp)
EL RELOJ EN NÚMEROS
- Fabricado en Londres por Gillet & Johnston.
- La empresa construyó el reloj de la actual Torre Monumental, conocida como la Torre de los Ingleses en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
- Instalado en 1911.
- Llegó para la inauguración de la Estación Sud del Ferrocarril.
- Funciona con una pesa de aproximadamente 400 kilos.
- La pesa desciende unos 20 metros.
- Debe recibir cuerda cada ocho días.
- Para acceder al mecanismo hay que subir más de 80 escalones.
- Conserva las firmas originales de los relojeros que lo mantuvieron durante más de un siglo, entre ellas las de cinco generaciones de la familia Castelvetri.

