Nutrición: alimentación y sueño.La conexión que estás ignorando
Por Lic. Anabella Gemin – MP 6244 Columna semanal de nutrición para QZNoticias
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Hay algo que casi nadie menciona cuando habla de alimentación saludable: el sueño. Se habla de calorías, de porciones, de qué comer y qué evitar, pero rara vez alguien pregunta cómo dormiste. Y resulta que eso importa mucho más de lo que pensamos.
La relación entre el descanso y la comida es bidireccional: lo que comés afecta cómo dormís, y cómo dormís afecta lo que comés al día siguiente. No es una creencia popular, es biología.
Cuando dormimos poco, el cuerpo altera el equilibrio de dos hormonas clave: la leptina —que indica saciedad— disminuye, y la grelina —que estimula el hambre— aumenta. El resultado concreto: más hambre, menos registro de plenitud, y una atracción casi irresistible hacia alimentos azucarados, grasos y ultraprocesados. Estudios experimentales confirmaron que incluso una sola noche de mal descanso puede elevar los niveles de grelina al día siguiente.
Pero hay más. La falta de sueño también reduce la actividad en la corteza prefrontal, que es la zona del cerebro encargada del control de impulsos y la toma de decisiones. Dicho en simple: cuando estás cansado, te cuesta más elegir bien. No es falta de voluntad, es neurobiología.
¿Y qué pasa del otro lado? Cenar tarde, con porciones grandes o con alimentos muy grasos o azucarados, eleva la temperatura corporal durante la digestión, puede generar reflujo y dificulta la conciliación del sueño. Los especialistas recomiendan cenar al menos dos horas antes de acostarse y optar por cenas livianas.
En cuanto a alimentos que favorecen el descanso, aquellos ricos en triptófano —como el huevo, el pollo, el pescado, la avena o las nueces— contribuyen a la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. Lo importante no es consumirlos únicamente en la cena, sino integrarlos a la alimentación diaria.
Alimentación, sueño y actividad física son tres pilares que se sostienen entre sí.
