Más de la mitad de los chicos sigue siendo pobre en Argentina
Un relevamiento nacional registró una mejora en los indicadores durante 2025, la pobreza infantil se ubicó en 53,6% y la indigencia en 10,7%,y se mantienen problemas de fondo vinculados a la alimentación, la salud y la vivienda.
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La pobreza entre niños y adolescentes en la Argentina se ubicó en el 53,6% durante 2025, mientras que la indigencia descendió al 10,7%, según el último informe de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) de la UCA. Los datos reflejan una mejora respecto de los picos recientes, aunque continúan evidenciando un escenario de vulnerabilidad estructural que afecta a más de la mitad de la población infantil.
El relevamiento señala que la baja registrada en el último año, pero no modifica la tendencia de fondo. En perspectiva histórica, la pobreza infantil muestra un deterioro sostenido, con aumentos marcados en contextos de crisis y recuperaciones parciales que no logran revertir los niveles acumulados.
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Desde 2010, cuando el indicador se ubicaba en 45,2%, la evolución fue irregular, con descensos iniciales y un posterior incremento casi continuo. Los valores más altos se registraron entre 2020 y 2023, con cifras que superaron el 60%.
La indigencia siguió una dinámica similar, con oscilaciones más pronunciadas. Tras alcanzar un máximo cercano al 18% en 2024, el indicador retrocedió al 10,7% en 2025, acercándose a niveles observados en años previos, aunque aún con una fuerte incidencia en los sectores más vulnerables.
El informe también advierte sobre la persistencia de la inseguridad alimentaria. En 2025, el 28,8% de los niños y adolescentes tuvo dificultades para acceder a una alimentación adecuada, mientras que el 13,2% atravesó situaciones más severas.
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En este contexto, la asistencia estatal mantiene un rol central. El 64,8% de los chicos recibió algún tipo de ayuda alimentaria, impulsado por la expansión de comedores escolares y comunitarios. Durante 2025, el 19,8% de los menores dejó de asistir a controles médicos u odontológicos por motivos económicos, lo que evidencia limitaciones en el acceso a servicios básicos de salud.
Las condiciones habitacionales también muestran déficits persistentes: el 18,1% de los niños vive en viviendas precarias, el 20,9% en situación de hacinamiento y el 42% en hogares sin acceso adecuado a servicios de saneamiento. A esto se suman privaciones materiales, como la falta de vestimenta, que afecta a más de un tercio de la población infantil.
El estudio concluye que, pese a la mejora reciente en algunos indicadores, la pobreza infantil continúa siendo un fenómeno estructural en la Argentina.
