La angustia a la distancia: venezolanos en Argentina buscan noticias de sus seres queridos tras el terremoto
La falta de comunicaciones y la magnitud de los daños provocados por los sismos multiplican la incertidumbre entre miles de familias radicadas en el país. Mientras continúan los rescates, la comunidad venezolana atraviesa horas de profunda preocupación.
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Los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela no solo dejaron una profunda huella en las zonas afectadas, sino que también generaron una ola de angustia entre miles de venezolanos que viven en Argentina. A medida que se conocían las primeras imágenes de derrumbes y destrucción, comenzaron las interminables llamadas, mensajes y búsquedas desesperadas para intentar conocer el estado de familiares y amigos.
La incertidumbre se vio agravada por las dificultades en las comunicaciones. Los cortes de energía, las fallas en los servicios de internet y las complicaciones en distintas regiones afectadas dificultan el contacto con quienes permanecen en Venezuela, dejando a muchas familias sin información sobre el paradero o la situación de sus seres queridos.
En Buenos Aires, la atención se centró en el Centro Venezolano Argentino (también conocido como Centro Araguaney) ubicado en Julián Álvarez 866, en el barrio de Villa Crespo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) donde integrantes de la comunidad venezolana se acercaron y empezaron a organizarse para compartir información, recibir contención y colaborar en la búsqueda de datos sobre personas desaparecidas o incomunicadas. En muchos casos, la espera de una llamada o un mensaje se convirtió en la única esperanza para aliviar la incertidumbre.
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Mientras tanto, las tareas de rescate continúan entre los escombros y las autoridades trabajan para asistir a los damnificados. Sin embargo, para quienes siguen la tragedia desde la distancia, cada hora transcurre entre la preocupación y la expectativa de recibir noticias alentadoras de familiares que se encuentran en las zonas más golpeadas por el desastre.
La tragedia volvió a poner de manifiesto el fuerte vínculo que la comunidad migrante mantiene con su país de origen. A miles de kilómetros de distancia, el dolor, la incertidumbre y la solidaridad atraviesan a cientos de familias que hoy viven pendientes de cualquier novedad que les permita saber que sus seres queridos están a salvo.

