Tedeum en la Catedral por el 9 de Julio: Giobando llamó a “besar la bandera no solamente en un Mundial”
En su homilía, el obispo entrelazó el magisterio de la Iglesia, la pasión por el Mundial de Fútbol y una profunda autocrítica a la dirigencia.
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/tedeum_catedral_giobando.webp)
En el marco del tradicional tedeum por el Día de la Independencia, el obispo Ernesto Giobando pronunció desde la Iglesia Catedral y ante la presencia del intendente Agustín Neme una homilía de fuerte contenido social, político y pastoral. A través de una crónica que entrelazó el magisterio de la Iglesia, la pasión por el Mundial de Fútbol y una profunda autocrítica a la dirigencia, el prelado instó a la sociedad a superar las divisiones y a buscar “la moneda perdida” de la identidad nacional.
Giobando inició su alocución trayendo a la Catedral las reflexiones del Papa Francisco sobre la amistad social y la resolución de las tensiones internas. Citando textualmente al Sumo Pontífice, el obispo señaló que existe una manera adecuada de situarse ante las crisis: “Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. Felices los que trabajan por la paz”.
En este sentido, remarcó la necesidad de mirar al prójimo desde su dignidad profunda para desarrollar una comunión en las diferencias. “Por eso hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto”, subrayó, explicando que la verdadera solidaridad no busca la absorción de una postura sobre la otra, sino una resolución superior “que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna”.
El obispo utilizó el fervor futbolístico del país como un espejo y un desafío para la vida civil. “Estas reflexiones iluminan el presente que hoy vivimos. Una de las pocas realidades que nos une por encima de los conflictos es la selección nacional de fútbol”, afirmó, destacando que en ese ámbito se borran las diferencias sociales, políticas y religiosas. Sin embargo, lanzó una interpelación directa a los presentes: “La pregunta que nos hacemos es, ¿y después del Mundial no habrá más épica, ni lágrimas, ni gritos que nos dejan roncos?”.
Vinculando la representación deportiva con la política e institucional, Giobando recordó el Acta de 1816 y confrontó el rol de los líderes actuales. “El Acta de la Independencia dice, ‘Nos los representantes de las provincias’. ¿Es realmente así hoy? Como dirigentes, ¿representamos a quienes se nos confían?”, cuestionó, abriendo paso a un llamado a la introspección: “Creemos que sí, pero hay mucho camino por andar y animarnos a una profunda conversión”. En sintonía con el Evangelio, recordó que “hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por 99 justos que no necesitan arrepentirse”.
“Ante la crisis de representatividad que es evidente y se transforma en un reclamo de la sociedad, debemos poner todos nuestros esfuerzos para que en todos los ámbitos donde los argentinos queremos desarrollar nuestra vida social y civil, se deben ejercer los otros dos principios: libertad e independencia”, indicó.
Al desglosar estos conceptos, definió la libertad desde la dignidad humana, recomendando la lectura de la encíclica Humanitas del Papa León XIII por su vigencia. Por otro lado, redefinió la independencia lejos del individualismo. “Una independencia que no es ‘cada cual se las arregle como puede’, sino independencia de aquellos factores o fuerzas que quieren someter lo mejor de una nación a poderes foráneos, concentrados y anónimos”, advirtió con firmeza.
El obispo alertó que estas fuerzas globales generan dependencia y desmoronamiento social, traduciéndose en flagelos concretos como “el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas y el trabajo esclavo en todas sus formas”.
Hacia el final de su homilía, Giobando recurrió a una metáfora histórica y evangélica, recordando que el acta original de la Declaración de la Independencia se perdió o fue robada. “Los invito a buscar en nosotros mismos y en la sociedad que vivimos esa moneda perdida de la parábola”, convocó, asociando el número diez de la parábola bíblica con el misticismo del fútbol argentino. “Busquemos la moneda perdida. Demos vuelta la casa. En algún lugar está. Allí, en el fondo de nuestras conciencias”.
Finalmente, el obispo dejó un mensaje de arraigo y acción cotidiana para toda la ciudadanía, exhortando a abandonar los “modelos prestados”. “Besar la bandera no solamente en un Mundial de fútbol, sino todos los días con el compromiso de honrar este suelo de 10. Pongámonos la camiseta”, concluyó, asegurando que en el país aún se encuentra la clave “para constituir de verdad una nación unida, libre e independiente”.

