Estafas telefónicas y virtuales: cómo operan y por qué siguen funcionando
Son el delito que más creció y el menos denunciado. Franco Borzani, CEO de Segumar Seguridad, explica cómo operan los engaños y qué medidas concretas reducen el riesgo.
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Las estafas virtuales se convirtieron en el delito de mayor crecimiento en los últimos años y, paradójicamente, en el menos denunciado. El clásico “cuento del tío” mutó: hoy llega por WhatsApp, por llamadas de números desconocidos o simulando ser el banco. La lógica es la misma: crear urgencia para que la víctima actúe antes de pensar.
Uno de los esquemas más frecuentes comienza con un mensaje de un número desconocido que se hace pasar por un familiar: “Mamá, se me rompió el teléfono, este es mi número nuevo, necesito plata urgente”. Breve, sin respiro, sin tiempo para verificar. Si la persona pregunta algo, los estafadores tienen respuesta para todo.
La variante bancaria funciona distinta. Llaman diciendo ser del sector de fraudes, alertando por un movimiento sospechoso en la cuenta. Piden que el cliente “confirme” datos para frenar la operación y, en algunos casos, convencen a la víctima de instalar una aplicación de acceso remoto bajo el pretexto de brindar “asistencia técnica”. Desde ese momento pueden ver todo lo que se escribe en la pantalla.
“Lo que más me inquieta de estas estafas es que están diseñadas para atacar donde somos más vulnerables: el miedo a que algo le pasó a un familiar, la confianza ciega en el banco, la presión de los minutos. No hace falta ser descuidado para caer. Hace falta estar apurado o asustado, que es exactamente cuando todos funcionamos peor”, comentó Franco Borzani, CEO de Segumar Seguridad.
Al respecto, recomendó tres medidas concretas que reducen el riesgo: si un familiar escribe desde un número nuevo pidiendo dinero, llamarlo al número que se tiene antes de mover un peso; ningún banco llama para pedir claves o datos personales: si alguien lo hace, cortar y llamar al número oficial; no instalar aplicaciones que indique alguien por teléfono, sin importar el motivo: esas apps entregan el control del dispositivo.
Borzani recomienda hablar del tema en casa, especialmente con adultos mayores, no por ingenuidad sino porque suelen ser el blanco elegido: más ahorros, menos experiencia digital y mayor disposición a confiar en quien llama con autoridad.
