Nutrición: Leer etiquetas sin volverse loco: lo que nadie te enseñó en el supermercado
Por Lic. Anabella Gemin – MP C244 Columna semanal de nutrición para QZ Noticias-
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/nutricion_etiquetas_1.jpeg)
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/04/anabella_gemin_avatar.png)
¿Cuántas veces agarraste un producto, miraste la etiqueta y lo dejaste de vuelta en la góndola porque no entendiste nada? O peor: lo pusiste en el carrito sin leer absolutamente nada, guiándote solo por lo que decía el frente del envase. Las dos son situaciones muy comunes, y ambas tienen solución.
Aprender a leer etiquetas no requiere ser nutricionista. Requiere saber dónde mirar y qué ignorar.
Primero: la lista de ingredientes. Es la parte más honesta del envase. Los ingredientes están ordenados de mayor a menor según su cantidad en el producto. Si el primer o segundo ingrediente es azúcar, jarabe de glucosa o alguna grasa vegetal hidrogenada, ya sabés bastante sobre la calidad de ese alimento. Regla práctica: cuanto más corta sea la lista y más reconocibles sean los nombres, mejor.
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/nutricion_etiqutas_3.jpeg)
Segundo: los octógonos. Gracias a la Ley de Etiquetado Frontal vigente en Argentina, muchos productos ya llevan sellos negros que advierten exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas o calorías. Son una alerta rápida y visual: a más octógonos, más señales de que ese producto conviene consumir con moderación. No lo prohíben, te informan.
Tercero: el tamaño de la porción. Es la trampa más subestimada. Toda la información nutricional de la tabla se refiere a una porción, no al envase completo. Un paquete de galletitas puede declarar 80 calorías “por porción” cuando esa porción son apenas tres unidades. Si comés diez, hacé las cuentas.
:format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/nutricion_etiqutas_2.jpeg)
¿Y las leyendas del frente? “Light”, “natural”, “sin azúcar agregada”, “integral”: no son garantía de nada. Un producto “light” puede ser bajo en grasas pero alto en azúcar. Uno “sin azúcar añadida” puede tener mucha azúcar propia. Siempre corroborá con la lista de ingredientes y la tabla nutricional, que son los datos que la industria está obligada a reportar con veracidad.
No se trata de leer cada etiqueta durante diez minutos. Se trata de entrenar el ojo para detectar lo importante en segundos. Con práctica, se vuelve automático.
