Nutrición: Microbiota, tu segundo cerebro está en el intestino
Por Lic. Anabella Gemin – MP 6244 Columna semanal de nutrición para QZ Noticias
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Cuando algo nos pone nerviosos, el estómago lo siente antes que la cabeza. No es una metáfora: es biología. El intestino tiene alrededor de 200 millones de neuronas —más que la médula espinal— y se comunica de forma permanente y bidireccional con el cerebro. Por eso la ciencia lo llama el "segundo cerebro".
Dentro de ese intestino vive la microbiota: el conjunto de billones de microorganismos que habitan en nuestro aparato digestivo. Son bacterias, en su mayoría, y están en una relación de simbiosis con nuestro cuerpo: nos protegen, participan en la digestión, regulan el sistema inmune e incluso influyen en nuestro estado de ánimo.
¿Cómo hablan el intestino y el cerebro? A través del nervio vago, del sistema hormonal y de sustancias químicas que las propias bacterias producen, como la serotonina y el GABA, neurotransmisores directamente relacionados con el bienestar emocional y la reducción de la ansiedad. Cuando la microbiota está equilibrada, esta conversación fluye. Cuando se desequilibra —lo que se llama disbiosis— pueden aparecer consecuencias tanto digestivas como emocionales.
Estudios recientes observaron que personas con depresión presentan con frecuencia alteraciones en la composición de su microbiota, con menor presencia de bacterias como Lactobacillus y Bifidobacterium. Aunque la causalidad aún se investiga, la relación entre microbiota y salud mental es hoy uno de los campos más activos de la ciencia.
¿Qué la afecta negativamente? El uso frecuente de antibióticos, la alimentación alta en ultraprocesados, el estrés crónico y el sedentarismo son factores documentados que alteran su composición.
¿Qué la favorece? Principalmente la fibra, ya que al fermentarse en el intestino alimenta a las bacterias beneficiosas y genera ácidos grasos de cadena corta que protegen la mucosa intestinal. Los alimentos fermentados como el yogur, el kefir o el chucrut pueden sumar, aunque su impacto varía según cada persona. Los suplementos de probióticos, por su parte, tienen respaldo científico en contextos específicos, pero no son una solución universal: antes de tomarlos, siempre es mejor consultar con un profesional.
