De proteger a Daniel Scioli a liderar un asalto comando en su casa de Villa La Ñata
Braian Oroná, un ex policía bonaerense echado de la fuerza por violencia de género y asfixiado por deudas millonarias, fue detenido acusado de integrar la banda que intentó robar en la quinta del funcionario.
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Un audaz intento de robo comando sacudió la madrugada de Villa La Ñata. Cuatro delincuentes irrumpieron a las 3:00 am del pasado miércoles en la residencia del actual secretario de Turismo y Deporte de la Nación, Daniel Scioli, mientras el funcionario se encontraba en la propiedad. La causa, instruida por el fiscal Cosme Iribarren al frente de la UFI de Benavídez, dio un vuelco determinante tras la detención del principal sospechoso: Braian Oroná, de 36 años, un ex agente de la Policía Bonaerense que 11 años atrás se desempeñaba en el esquema de seguridad personal del propio exgobernador.
La hipótesis central de los investigadores, con la labor conjunta de la Superintendencia AMBA Norte I y la División Robos y Hurtos de la PFA, sostiene que Oroná actuó bajo la modalidad de "una fija", contando con datos precisos sobre el resguardo de dinero en la propiedad. Durante las diligencias cayó también Santiago Grandicelli, chofer del Peugeot 207 Compact utilizado para la fuga. En el domicilio que ambos compartían en Ensenada se incautaron la indumentaria utilizada en el golpe y una máscara de payaso. Mientras Oroná optó por negarse a declarar, la fiscalía aguarda el peritaje telefónico clave y rastrea la conexión Wi-Fi de un club náutico cercano donde un prófugo solicitó acceso a las 3:40 am.
Detrás de la irrupción criminal se esconde el severo declive profesional y económico del principal implicado. Oroná prestó servicios en la División Custodia hasta diciembre pasado, fecha en la que fue desafectado de la fuerza policial tras abrirse una causa judicial en su contra por violencia de género. A su inmediata exoneración se sumó un asfixiante ahogo financiero: los registros previsionales y bancarios lo posicionan como un moroso de alto riesgo, con una deuda acumulada que roza los $4 millones con entidades bancarias y financieras.
Con dos sospechosos aún prófugos, la fiscalía de Benavídez aguarda el análisis de los teléfonos celulares secuestrados para reconstruir la trama completa. El expediente revela una inquietante paradoja: el hombre que años atrás juró velar por la integridad física de Daniel Scioli terminó utilizando su conocimiento estratégico para planificar un asalto comando en la propia intimidad de la víctima.
