Vox Popurrí: “Lejos de pensar que ya tenemos una identidad formada, seguimos laburando para encontrarla”
El trío marplatense, que combina humor y música, realizará dos últimas funciones de su exitoso espectáculo “Fanfarria”. Camila Suero le contó a QZ Noticias el detrás del suceso de este grupo con más de 180.000 seguidores en Instagram.
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Formado hace apenas cuatro años, el trío vocal y actoral marplatense Vox Popurrí se ha convertido en un fenómeno popular que ya alcanzó los 185.000 seguidores en Instagram y viene de realizar una intensa gira por el país y el extranjero. Integrado por las artistas Judith Morales, Tamara Prato y Camila Suero el grupo se encuentra en proceso de elaborar un nuevo espectáculo y despedir su anterior show, el galardonado Fanfarria, al latido de un compás, que tendrá últimas funciones en la ciudad los próximos viernes 25 de julio y 1 de agosto desde las 21:00 en la Sala Payró del Teatro Auditorium (Boulevard Marítimo 2280). Para las artistas, según indicó Suero en diálogo con QZ Noticias, es una instancia de mucha felicidad ya que se trata de una propuesta que “fue parte del nacimiento de esta formación”.
Según explicó la artista, Fanfarria nació como una exploración humorística basada en la amistad de las tres protagonistas, por lo que ante el cierre de este ciclo transitan por “muchas sensaciones encontradas: un poco de nostalgia y también ganas de hacerlo porque ahora estamos trabajando en un material nuevo”. Asimismo, celebró que el adiós definitivo coincida con las vacaciones de invierno en Mar del Plata, su ciudad natal.
El grupo surgió en el 2022 con una propuesta estrictamente musical basada en la reversión de canciones conocidas. Sin embargo, según relató Suero ese punto de partida evolucionó rápidamente al incorporar “movimientos nuevos del teatro, de la danza, del humor”. Para las integrantes, quienes poseen una formación puramente musical, fue una grata sorpresa “notar lo hermoso que es cuando un proyecto empieza a tomar una forma que uno no esperaba”.
La artista, quien además de la voz porta el piano y arreglos vocales, este crecimiento fue posible gracias al trabajo colectivo y al aporte de colaboradores como Ignacio Corva, Agustina Suero y el director Mariano Magnífico, quienes potenciaron la labor de las integrantes del grupo. Tras definir el proceso como algo “realmente sorpresivo” que las llena de alegría, aseguró que el proyecto sigue en constante evolución: “Seguimos trabajando, lejos de pensar que ya tenemos una identidad formada, seguimos laburando para tratar de encontrarla”.
Ustedes arrancaron con lo musical, ¿cómo desembocaron en lo humorístico?
-Surgió un poco naturalmente porque nosotras somos amigas de la música, de la vida, y como toda amistad, por ahí te encontrás a ensayar y surgen un montón de otras situaciones, charlas, complicidades y chistes que eran parte de nuestro código de amistad. El juego fue: “¿qué pasa si ponemos algo de esto en la música?”. Ahí empezamos a explorarlo, al principio con un poco de timidez y después con la incorporación del resto del equipo, al notar que la gente lo recibía muy bien. Cuando hacíamos algunas pruebas, notábamos que la gente se divertía mucho, que pasaba un momento lindo y nos decía: “¡Qué bueno, me olvidé de los problemas que tenía!”. Ese tipo de comentarios te impulsan a decir: “Por ahí este es el camino”. Empezó como algo muy natural y después le empezamos a poner una cabeza un poco más premeditada; empezar a pensar cómo se arma un chiste desde la música, porque nuestra identidad creemos que sigue teniendo a la música como protagonista de todo esto. Lejos estamos de considerarnos comediantes o cómicas, pero sí creemos que a partir de la música se puede generar el humor con la palabra y con el discurso musical mismo. Fuimos explorándolo y nos alegra saber que la gente lo recibe bien.
¿Cómo es el proceso creativo? ¿Los roles se fueron dando de manera intuitiva a medida que avanzaron con el proyecto o ya de entrada sabían qué cuerda tocaba cada una para trabajar en equipo?
-Un poco se fueron definiendo y siguen en transformación, porque también vamos aprendiendo a trabajar a la par que desarrollamos el proyecto. Pero naturalmente se da que, por ejemplo, en el caso de la composición y los arreglos estamos Ignacio Corva y yo; ahí hacemos una dupla en donde proponemos la parte musical y después la trabajamos entre todos. Hay un espíritu de trabajo colaborativo que vamos entrenando cada vez más y que es súper nutritivo. Somos convencidos de que lo que se genera cuando todos aportamos es mucho más rico que lo que puede generar una persona sola. Sobre la base de eso, y del ejercicio de abrir el material y que todos vayamos aportando, sacamos el ego de lado y podemos pensar en el material y decir: “Bueno, ¿qué es lo que le viene bien a esto?”. Por más que yo tenga una idea que quiera hacer, si no sirve y todo el mundo dice que no, vamos con la intuición y el aporte de todos. En un proyecto artístico hay tantos frentes que atacar; en algunos tenemos más conocimientos y en otros vamos aprendiendo.
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Actualmente la Vox Popurrí están trabajando “desde cero en una idea nueva” bajo una dinámica mucho más colectiva, donde la música será la protagonista absoluta. En esta oportunidad, el objetivo principal es trasladar al escenario el éxito que consiguieron en las plataformas digitales, donde las siguen cientos de miles. La idea es llevar la inmediatez de esos contenidos al escenario mediante adaptaciones, más desarrollo y más contenido.
Suero adelantó que el espectáculo propondrá “mucho juego con la música clásica, la música académica”, motivadas por el entusiasmo del público al ver convivir géneros tan disímiles como la cumbia, el rock o el candombe en una misma propuesta, y por la necesidad de derribar las barreras sociales y los imaginarios que separan estos estilos. Aunque el show se encuentra “muy en la cocina, muy en la producción, todavía lejos de estrenar”, el equipo mantiene la expectativa de lanzarlo en el verano con la firme convicción de que “va a salir algo superador de lo que veníamos haciendo”.
Vos estás con los arreglos vocales. Obviamente tiene que sonar bien el grupo, pero aparte tiene que ser gracioso. ¿Cuál es el desafío ahí?
-Son varias fases. Por ahí nosotros nos sentimos más cómodas con lo musical; al ser el lenguaje artístico que más manejamos, es lo que primero podemos resolver. El objetivo a veces es resolver eso como “fase uno” para que no genere una traba después al trabajar la otra capa, que es lograr el humor a partir de la música. Es re desafiante, porque por ahí uno pone el foco en lo humorístico y perdés un poco de lo musical, y viceversa. Si estás muy sobre lo técnico y lo musical, por ahí no te das lugar a explorar la corporalidad, el timing que necesita el humor. Es re complejo hacer humor, cada vez nos damos cuenta más de eso y lo tratamos con mucho respeto. Existe el imaginario de que actuar desde el drama es más difícil que el humor, o que al humor se lo subestima, pero es súper complejo. Creo que lo que nos sirve, al ser músicas, es que la cuestión del ritmo y del timing que tiene el humor es algo que comprendemos desde lo musical, entonces nos acercamos más fácilmente. Pero es un equilibrio, pasás en la cuerda floja todo el tiempo entre una cuerda y la otra.
Exista la posibilidad de ver otros grupos que hagan lo mismo. ¿Se pueden ver y analizar los mecanismos que utilizan?
-Sí, claro que se puede analizar. ¿Viste que siempre dicen que cuando tomás cosas de un solo artista o de un solo grupo es plagio, pero cuando tomás cosas de muchos es influencia? (risas). Tratamos de hacer eso porque es muy nutritivo ver qué hacen otros. Obviamente no con el objetivo de robar, sino con el de entender cómo funciona. Por supuesto, Les Luthiers son palabras súper mayores con los que jamás podríamos encontrar un tipo de comparación de nuestra parte, porque les tenemos una admiración tan profunda. Además de haber sido un grupo único en la historia del humor a nivel internacional, se paraban desde un lugar de expertise musical que admiramos tanto. Lograron un nivel musical tan alto y, a la vez, un nivel de humor y de escritura tan elevado, es una combinación que creo que no vamos a volver a ver. Pero sí lo analizamos mucho. A mí me gusta mucho Monty Python, ese tipo de humor. Y en Argentina también hubo mucho: Cha Cha Cha, Gambas al ajillo, todo ese tipo de humor de Tortonese... ese humor más argentino que por ahí no tenía tanta parte musical pero coqueteaba con la música todo el tiempo. Nos gusta verlo, y después uno va en el otro carril de hacer y encontrarte con cuál es tu identidad en medio de tantas influencias.
Mencionabas Cha Cha Cha y recordaba esas parodias musicales a la bossa nova o al folklore que hacía Alfredo Casero... eran fenomenales.
-Eran de una irreverencia tremenda. Por ahí el ojo no estaba tan puesto en la calidad musical, pero sí había una cosa desfachatada de jugar con los estilos, de no ser “respetuosos” del lenguaje en el mejor de los sentidos: buscarle el límite a las cosas. Por ahí nuestro tipo de humor es más ATP, más tranqui. No jugamos tanto con los límites de la manera de ellos o de la manera de otro tipo de humor que se consume ahora. La gente nos lo marca como que tenemos un humor un poco más limpio, en el sentido de que no usamos lenguajes tan subidos de tono ni nada por el estilo. La verdad es porque se dio así, no porque lo prefiramos o porque estemos en contra de ese otro tipo de humor (está todo bien y lo consumimos también). Se fue dando así una cosa un poco más ATP y por ahora venimos en ese camino. Por lo menos Fanfarria, que es la obra que estamos haciendo ahora y de la que nos despedimos, tuvo mucho ese tinte. Mucha gente lo agradeció cuando venía a ver la obra; lo destacaban como algo que por ahí, por H o por B, no se ve tanto hoy. Siempre hay un público para cada cosa, así que está bueno.

